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La autopsia al cuerpo de Ángel López, el niño de 4 años que falleció el 5 de abril de 2026, determinó que murió como consecuencia de un edema cerebral hemorrágico generalizado, provocado por múltiples golpes en la cabeza.
El informe forense estableció que el menor recibió al menos 20 impactos dirigidos específicamente al cráneo. Si bien no se detectaron fracturas óseas visibles ni lesiones externas en otras partes del cuerpo, la violencia de los golpes generó un daño interno severo que derivó en un paro cardiorrespiratorio.
Los especialistas indicaron que los traumatismos fueron reiterados y focalizados, lo que descarta un hecho aislado y apunta a una agresión sostenida en el tiempo. Además, no se descarta un posible mecanismo de asfixia, aunque no se encontraron marcas externas compatibles en el cuello.
Por el hecho, la Justicia ordenó la detención de la madre del niño y su padrastro, acusados como coautores de homicidio agravado por el vínculo. Ambos permanecen alojados en dependencias policiales mientras avanza la investigación.
En el marco de la causa, también se investiga un presunto intento de eliminar pruebas, ya que los acusados habrían quemado prendas del menor tras su muerte.
La investigación permitió reconstruir un contexto de violencia intrafamiliar. El padrastro contaba con antecedentes por denuncias de violencia y la madre habría atravesado situaciones de consumo problemático y episodios de agresión hacia otros hijos.
Ángel había sido reintegrado recientemente al cuidado de su madre por disposición judicial. Sin embargo, en su entorno educativo ya se habían detectado señales de angustia y temor.
El caso generó una fuerte conmoción y volvió a poner en debate los mecanismos de protección de la infancia. La causa continúa en etapa investigativa, con nuevas pericias en curso para determinar con precisión las responsabilidades penales.
