El punto de partida para lograr estas fibras textiles sostenibles es el uso de dióxido de carbono obtenidas por medio de tecnologías de secuestro de carbono. Este tipo de sistemas atrapa el dióxido de carbono procedente de fábricas y otros emisores y lo almacena para su posterior uso como materia prima. En el caso que nos ocupa, la compañía utiliza procesos bioquímicos a través de enzimas para producir celulosa con aplicaciones en la industria textil. En una primera fase generan láminas de pulpa de celulosa para luego transformarla en fibras.

El material resultante, conocido como lyocell, se emplea también en la confección de ropa de cama. Al estar producido a partir de CO2 es negativo en carbono, es decir, su proceso consume más CO2 del que produce, y es neutral en cuanto a uso de agua y suelo de cultivo. Por último, no se genera ningún tipo de residuos.
Los resultados de la nueva tecnología, que se ha desarrollado como parte de una alianza entre la startup californiana y una empresa de moda danesa, se presentaron por primera vez en la Global Gashion Summit de Copenhague en 2022. El material incorpora un 20 % de fibras obtenidas con CO2 y es el paso intermedio antes de la producción de las primeras prendas de celulosa sostenible. Las dos fundadoras de la empresa afirman que su principal logro es haber estabilizado las enzimas en un reactor de tal forma que el proceso pueda llevarse a cabo de forma industrial y a gran escala.