El 13 de abril de 2029, el asteroide 99942 Apophis, una roca espacial de aproximadamente 370 metros de longitud, sobrevolará el espacio cercano a la Tierra a una distancia inferior a 32.000 kilómetros, un recorrido cercano y detectable para los instrumentos actuales.

Tras exhaustivos análisis, los científicos aseguran que Apophis no representa una amenaza inminente para nuestro planeta, según informa Science Alert. No obstante, una inquietud surge desde otro ángulo: ¿podrían los desechos espaciales en la órbita terrestre poner en riesgo esta oportunidad científica única? Un artículo publicado en The Planetary Science Journal plantea que esa posibilidad no es descartable.
Investigadores del Instituto de Física Aplicada «Nello Carrara» (IFAC) del Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR), la física Giulia Schettino y el astrodinamista Alessandro Rossi, advierten que la creciente contaminación orbital podría interferir con la observación del paso de Apophis, dificultando la interpretación de sus cambios durante el sobrevuelo.
El acercamiento del asteroide permitirá estudiar cómo la gravedad terrestre puede modificar su rotación, provocar deslizamientos en su superficie e incluso generar terremotos en el cuerpo rocoso, revelando secretos sobre su composición interna. Las misiones espaciales RAMSES, de la Agencia Espacial Europea (ESA), y OSIRIS-APEX, de la NASA, tienen previsto monitorear el fenómeno con un grado de detalle sin precedentes.
Sin embargo, Rossi y Schettino analizaron la posibilidad de que Apophis pudiera colisionar con restos artificiales en la región que circunda la órbita geoestacionaria (GEO), situada alrededor de los 36.000 kilómetros de altura. Sorprendentemente, sus simulaciones indicaron que algunos fragmentos de basura espacial podrían acercarse a pocos kilómetros del asteroide durante su paso.
Aunque un impacto con estos escombros no alteraría significativamente la trayectoria de Apophis ni ocasionaría un daño catastrófico —posiblemente solo generaría un pequeño cráter y una columna de material expulsado que sería detectada por las naves espaciales—, interferiría gravemente con la interpretación científica del sobrevuelo. La colisión previa complicaría diferenciar los efectos provocados por la gravedad terrestre de aquellos derivados del impacto con desechos.
Este estudio destaca además la limitada comprensión que se tiene sobre la presencia y distribución de fragmentos pequeños en la órbita alta terrestre. Mientras que los objetos de gran tamaño son monitoreados rutinariamente, la mayoría de los residuos menores permanecen invisibles, representando un riesgo para futuras misiones y observaciones astronómicas.